Ene
13
2008

Faunia, su flora y fauna

Este viernes dos amigos y yo cambiamos nuestros planes de ir a esquiar a la sierra de Madrid debido al mal tiempo. Como no íbamos a desaprovechar ese día de asueto, pues se nos ocurrió darnos una vuelta por Faunia, este parque temático sobre ecosistemas que siempre había querido visitar. Y bueno, tal vez fuera por el mal día que hacía, pero la visita no fue lo que esperaba. Después de entrar en el parking y de estacionar al lado de los dos únicos coches que había (además de un autobús escolar que se divisaba a lo lejos), nos decidimos a comprar nuestros tickets (a 22€ por barba, que no es poco) y acceder al recinto a través de la tienda de souvenirs.

jungla2

Todo el parque para nosotros solos, pensamos, pero los animales de los ecosistemas al aire libre tenían ninguna gana de mojarse y estaban resguardados en sus cubiles, a excepción de algún perrillo de las praderas y de las aves. Me chocó el ruido provocado por la proximidad de la carretera mezclado por la música céltica y sonidos de animales que salían de los altavoces Bose (resistentes a la intemperie) que estaban repartidos por todo el parque. Continuando el recorrido a nuestro antojo, llegamos al lago: los cisnes muy bonitos, pero ese olor a pescado y a estancamiento del agua, no sé… Nos acercamos al vacío Teatro Lago, con unas focas juguetonas dedicadas a la natación, eso sí, pasando de nosotros.

En ese momento empezó a llover un poco más abundantemente, así que nos metimos en el recinto cubierto más cercano, la casa de las mariposas. Dentro habían recreado un clima  sombrío y humedo, un jardín tropical bastante bien conseguido, por el que pululaban las mariposas y se la jugaban con las plantas carnívoras. La pena es que el recinto era un poco pequeño para mi gusto (sin contar con la siguiente sala, presidida por un enorme panal de abejas), pero fue la primera parte agradable de nuestra visita a Faunia.

Una vez fuera, continuamos por el exterior, seguía lloviendo. Los jardines no estaban del todo mal conservados, aunque algunos árboles presentaban sus hojas quemadas por las heladas y las coníferas, plantadas demasiado juntas, se estaban ahogando entre sí. Tampoco les hubiera venido mal una pequeña poda. Los madroños, muy bien, con sus florecitas en forma de campanilla. Vuelve a apretar la lluvia, nos dirigimos a La Noche, un recinto a oscuras con fauna nocturna. Las puertas se abrieron automáticamente, prohibido el flash reza el cartel electrónico. Allí vimos animales curiosos y sorprendentes como un perezoso que ni se dignó a mirarnos, murciélagos devorando una piña y dos pobres linces europeos tumbados y resignados a su reducido espacio con vegetación seca. En algunos tramos percibimos el fuerte “olor a animal”. Llegamos al final del recorrido y las puertas automáticas nos devuelven a la lluvia.

ping2Nos acercamos al recinto del Ecosistema de los polos. Una vez dentro nos encontramos por primera vez con otros visitantes: un grupo de chavales extranjeros que atienden a las explicaciones de la guía del parque en un inglés con acento muy de aquí. Nos adelantamos a ellos para poder movernos a nuestras anchas y llegamos al recinto de los pingüinos. Muy cachondos ellos, unos nadando con maestría, otros evitando ser cebados con sardinas por los cuidadores, un pobrecito que parecía enfermo y un grupo reunido debajo de un dispensador de nieve. En el fondo del acuario, unos laboriosos buzos frotaban las algas bajo la atenta y curiosa mirada de los pingüinos, “pingüins in de island” como le gusta decir a la guía. Después de ver más pingüinos y algunos acuarios, volvemos a salir.

Intentamos acceder al recinto Jurásico. Las puertas cerradas sin ningún cartel que lo avisase. Visitamos rápidamente El Nido, con unas tortuguitas y huevos de ave, con pollitos acurrucados, recién salidos de la cáscara. Después, divisando en lo alto un nido con una cigüeña, encontramos el Aviario, cubierto con una malla translúcida. La flora del recinto, árboles y arbustos, bien, un recinto bonito. Una vez dentro, saludamos a un par de exóticas aves crestadas (no me acuerdo de su nombre) bastante acostumbradas a las visitas y a ser sobornadas con semillas que encuentra el visitante en unos dispensadores a 50 céntimos la ración. Muy buena estrategia la de Faunia: pagas la entrada y también la alimentación de sus animales.

ave2

Después del Aviario, accedimos al sitio que más me gustó, La Jungla. Un edificio generoso en su espacio en el que nada más entrar se me empañó el objetivo de la cámara, tanta humedad y calor había. Una vez más, por favor no uses el flash. Superado el tufillo inicial, a la derecha toda una auténtica jungla con kentias, palmeras, helechos y orejas de elefante; con papagallos y tucanes coloridos, y un loro borde que no quería bajar de lo alto, desoyendo a la cuidadora que lo llamaba y trataba de azuzar con una pértiga. También una cascada, riachuelo, cantos rodados y un tronco que parecía “de palo”, como podéis ver en la foto al principio de este post. Siguiendo el recorrido, terrarios con monos diminutos, reptiles y otras aves, y también acuarios con peces disco un poco flacuchos que no parecían encajar mucho con los otros peces de la urna, me decía mi amigo, todo un experto. Tambén habían pirañas conviviendo con otros peces mucho más grandes, y al final del recorrido un gran acuario que podías pasar bajo él emulando al Amazonas, con enormes peces apretados entre sí. Del manatí anunciado en un cartel, ni rastro.

Una vez fuera, seguía lloviendo. Aún quedaba alguna cosa por visitar, pero la lluvia, nuestro hastío y el hambre (nos negamos a dejarnos más pasta en Faunia) nos convenció para abandonar el lugar rápidamente. Como decía al principio, tal vez fuera por el día tan malo que hizo, pero en primavera y con un poco de trabajo de los de mantenimiento seguro que la visita hubiera resultado mejor. De todas formas, me costará volver.

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