Por fin me atreví a utilizar la técnica del alambrado de mi bonsái, aunque según el calendario de labores, esta tarea conviene hacerla (en el caso de la carmona) en primavera y principios de verano.

Aprovechando una visita al vivero, compré alambre especial para bonsáis (de aluminio, el de cobre es más rígido) a 5€ el paquete, un poco caro. La pena es que había sólo de dos calibres, uno grueso y otro demasiado fino, y por temor a dañar la corteza del arbolito, deseché este último. La teoría dice que se debe alambrar con un calibre equivalente al 30% del grosor de la rama a tratar, pero me tuve que conformar con lo que tenía a mano.
Pues bien, me puse manos a la obra. Antes que nada, es conveniente elegir la zona de trabajo si no posees un taller específico, con suficiente iluminación, un asiento cómodo y una mesa donde colocar el bonsái, ni muy alta ni muy baja. A falta de las mesas giratorias que utilizan los maestros del bonsái (similares a las de un alfarero), me las ingenié con algo que me ha venido de perlas: por casa tenía un soporte giratorio de Ikea para poner salsas en el centro de una mesa.

Si lo encuentras, cómpralo, pues te simplificará mucho las cosas con el alambrado, y es barato. Ya sólo te falta coger un alicate de corte de alambre, un alicate de punta, el alambre y unas tijeras para aclarar un poco de hojas y ramitas la zona a trabajar. Se me olvidaba una cosa: antes de hacer nada, dedícate el tiempo que haga falta a observar el bonsái y crea una imagen mental. Tienes que tener claro qué es lo que le hace falta, qué es lo que le sobra y a dónde lo quieres llevarlo; es decir, debes saber de antemano la forma que quieres que adopte tu bonsái.
Después de haber defoliado un poco y de haber podado alguna ramita, me armé de valor y empecé a alambrar. Si es tu primera vez, empieza mejor con las ramas más gruesas, ya que yo lo hice al contrario y lo primero que me pasó es que partí un brote joven. Superado este primer percance, luego no es tan difícil como parece.
Si la rama a modelar es muy gruesa, hay que clavar firmemente el alambre en la tierra y empezar a alambrar desde la base del tronco. Mi bonsái no tiene tantos años como para necesitar empezar así, por lo que comencé anclando el alambre en una parte gruesa del tronco, para ir poco a poco enrollándolo a lo largo de la rama con los pulgares.
No aprietes demasiado, para no “cortar la circulación” a la rama. El ángulo que toma el alambre debe ser de unos 45 grados (cuanto más se acerque a los 90, menos tensión aplicará), y procura que las vueltas sean paralelas (ni muy juntas ni muy separadas) y que coincidan con los nudos de la rama. Una vez alambrado, corta el sobrante, afianza los extremos con el alicate de punta y aplica la forma deseada, con cuidado y procurando hacerlo con varios apoyos para no partir la rama. Y voilá! A por el resto de las ramas.
La verdad es que para ser la primera vez, no se me dio mal salvo un par de ramas y un par de cables que se me cruzaron, pero como en todo, se aprende de los errores, y con la práctica saldrá todo mejor. Más adelante, cuando haya adquirido más destreza con el alambrado, colgaré unas fotos que sirvan de guía paso a paso.
El proceso me llevó un buen rato, pero me supo a poco, así que rematé la faena defoliando, podando ligeramente, y volví a redecorar la base del bonsái, que con las piedras blancas que le puse el otro día no me quedó muy “natural”, por decirlo de alguna forma.
