Mi bonsai, mi querido conejillo de indias que sufre por mis escasos conocimientos sobre la materia aunque a veces se beneficie de mis aciertos, acaba de pasar por una operación crucial “a raíz viva”. Sí, le he sometido a un trasplante, ese que llevo tanto tiempo demorando y que tanto pánico me provocaba. Además, este trasplante me ha servido para retirar el musgo y la enredadera de la superficie del sustrato, ya que además de consumir nutrientes, precisan de una humedad constante, lo que provocó una proliferación de minúsculos bichitos y la aparición de algún que otro “champi”:
Antes que nada, he de decir que el paciente se encuentra estable dentro de la normalidad, pero ya se sabe lo que pasa con las operaciones: uno entra en un quirófano para operarse de apendicitis y a los tres días se muere porque un despistado y/o un novato se dejó un utensilio dentro del paciente. Esperemos que esto no ocurra (ni a mi bonsai ni a nadie en ningún hospital), todo sea dicho.
Pero bueno, dejaré de divagar y explicaré los pasos que he dado para el trasplante:
- Lo primero de todo es sacar el bonsai de su maceta, cosa nada fácil si las raíces han crecido demasiado. Por ahí dicen que para facilitar esta operación y la del siguiente paso se debería dejar de regar durante algunos días, pero no he querido ser tan cruel con mi arbolito y me lo he tomado con mucha calma y paciencia para extraerlo de la maceta. Salta a la vista en la foto que no cabía ni una raíz más:
- Lo siguiente es desenredar las raíces y extraer la tierra sujeta por ellas. Para ello se utilizan unos palillos afilados parecidos a los que se usan para comer en un restaurante oriental, pero no tenía ninguno a mano, así que una vez más me armé de paciencia y poco a poco y con los deditos fui deshaciendo el embrollo. Eso sí, se me hizo de noche, pero es sorprendente la longitud de las raíces una vez desenredadas:
- En este paso entramos en el meollo del asunto: toca recortar las raíces. Es preciso retirar las dos terceras partes, y para ser sincero, esta era la parte que más me asustaba, pero así quedó:
- Ahora toca colocar en la nueva maceta (en este caso una de mayor tamaño) la grava que servirá de drenaje (previamente lavada). Sólo falta colocar el bonsai en el lugar deseado (centrado o a un lado), rellenar con el sustrato (uno específico para bonsais, para qué complicarnos) y compactarlo uniformemente. Una vez listo, regar abundantemente.
- Y ya hemos llegado a la parte final, la parte más “artística”: decorar. En mi caso, al haber elegido la colocación hacia el lado derecho (en vez de centrado), tengo bastante espacio vacío a la izquierda del bonsai. La forma de rellenar los espacios visuales ha consistido en aplicar un poco los principios de asimetría e imparidad de la jardinería japonesa, disponiendo dos piedras de forma vertical (arropando el tronco del bonsai por la derecha) y una piedra de forma horizontal a la izquierda (tal vez más adelante la cubra de musgo). Por último y para rematar la faena, he colocado cantos rodados de color blanco que recogí en la playa para dar un poco de contraste entre tanto verde y marrón, y también para que no se formen surcos en el sustrato al regar. Y… voilá, este es el resultado:

Como último apunte, durante los próximos días vigila al paciente, riégalo un poco más de lo habitual y procura exponerlo menos al sol. En mi caso, el árbol de té o carmona debe estar siempre a la sombra, con luz indirecta, así que no problem.






