Tantos días seguidos lloviendo (bendita lluvia) que el jardín se me ha desfasado totalmente. El crecimiento desmedido del césped es el menor de mis problemas, sin duda. A ver, recapitulemos…
Los dos últimos meses prácticamente no ha dejado de llover un solo día (al menos en mi zona), por lo que me ha sido imposible (muchas veces por pereza) llevar a cabo un mantenimiento del jardín de forma regular. Me he saltado la fumigación de los frutales y los rosales más de una vez, sobre todo porque es desperdiciar el producto ya que la lluvia lo elimina de la superficie de la planta. Pero esta semana he fumigado y me puedo olvidar por algunos días del tema.
Tampoco he podido cortar las flores viejas de los rosales y de las margaritas africanas tan a menudo como tengo por costumbre, y me han salido bastantes malas hierbas. Las peores, las zarzas que he tenido que cortar de entre los aligustres. También me ha tocado podar las plantas que cubren los muros de la parcela: madreselva, jazmín amarillo y pasionaria, además de retocar algún que otro rosal.
Luego segar, cortar bordes, recoger restos de poda, barrer… pero bueno, el jardín te da siempre sorpresas y alegrías: las azucenas que empiezan a florecer, las cerezas casi maduras (este año no me las van a birlar los lindos pajaritos), las rosas que siguen floreciendo, las manzanas aún engordando, el tomillo “alimonado” que no para de ensanchar, e incluso me he encontrado un huevo huérfano (de paloma, supongo) y he observado a unas arañas que se ponen moradas a cazar, camufladas entre las margaritas. Placeres sencillos, digo yo.













