Hoy os voy a hablar de un familiar de las patatas y de las berenjenas, aunque en vez de ser famoso por su valor culinario, lo es por motivos estéticos: el Solanum rantonnetti.
De la familia de las Solanáceas, que cuenta con 1400 especies entre árboles, arbustos, anuales, bianuales, perennes y trepadoras, el solano de flor azul (conocido también como dulcámara perenne) proviene de suramérica y es muy apreciado en los jardines de clima cálido, pues su rápido crecimiento y prolongada floración te dará mucho juego durante buena parte del año.
Colócalo a pleno sol, con tierra fértil y bien drenada y el solano crecerá bien. En cambio, no soporta el frío ni vientos del norte, además de que es propenso a sufrir la mosca blanca y los pulgones.
La vistosidad de sus hojas verdes y flores violáceas pueden eclipsar otras plantas, así que procura colocarlas junto a otras de colores vivos. También puedes utilizar el solano como arbusto de fondo (alcanza entre 1,8 y 2,4 m de altura) o utilizarlo como trepadora guiado por una celosía.
El solano de flor azul se presta bien a ser modelado, tanto con forma de seto como para arbolito. Procura cortar las flores viejas, ramas en mal estado o que rompan la estética de la planta y a cambio tendrás una floración abundante.
Estos solanums se reproducen por semillas en primavera o esquejes en otoño, pero son plantas relativamente baratas y fáciles de encontrar, por lo que tal vez no te merezca la pena esperar a que te crezcan, salvo que seas especialmente aficionado a este arbusto.
Aquí tenéis un Solanum rantonetti junto a una Euphorbia milii.


